Soy un baúl de sueños por cumplir, una chica que se pasa más tiempo en la Luna que en La Tierra.

lunes, 28 de septiembre de 2015

En mi defensa diré que no se parecía a nadie que hubiese conocido anteriormente. Alegaré que me hipnotizó y que cambió mi manera de ver el mundo. Me hizo comprender que el amor podía ser fácil.
Añadiré que me encantaba la forma de mirarme, la facilidad con la que me perdía en sus ojos y esa sonrisa que me volvía loca. 
Los días pasaban deprisa, y el tiempo se deslizada entre nuestros dedos en un vano intento por retenerlo para siempre. Ahora no guardo más que meros recuerdos que, poco a poco, se van difuminando a la vez que, la esperanza por repetir momentos irrepetibles, crece. 
En mi defensa diré que él me sonrió primero.

viernes, 20 de marzo de 2015

Nadie muere virgen

A veces envidio la facilidad que tienen algunas personas para hacerse querer. Esa clase de personas a las que miras y piensas que es imposible que se lleve mal con alguien. Esas con las que no puedes hacer otra cosa que quererlas y envidiarlas. Envidiarlas de forma sana, deseando que ojalá  hubiese más gente como ella en el mundo pues, haría que éste fuese un poquito mejor. 
El problema está en cuando su alma transparente se torna opaca, se contamina de toda la mierda que tiene la humanidad. Se sumen en una espiral de oscuridad. Se llenan de maldad, de indiferencia, se vuelven fríos, dejan de sentir.
Tengo una teoría que dice que ninguna de esas personas muere santa. Al final todos acaban cayendo pues, descubren que ser buenos para los demás no lo es para ellos mismos. 
He de confesar que me siento culpable de haber contribuido a que una  persona de este tipo esté ahora en decadencia, posiblemente sin un rumbo claro. 
He de confesar que siento no haber sabido escuchar cuando debía hacerlo y quién sabe cuántos pecados más habré cometido. 
Pero ahora solo me queda escribir estas palabras en este blog, esperando que calmen mi conciencia y ayudándome a decir todo aquello que querría decir.

Nobody dies a virgin... Life fucks us all.

Kurt Cobain 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Marina

Marina siempre recordaría las tardes que pasaba jugando con papá en el parque, el día que le enseñó a montar en bici, el día en el que le regaló su primera mascota...
Marina también recordaría siempre como mamá la obligaba a dormirse todos los días a las 9 de la noche aunque se quedase despierta hasta las diez, esperando. Esperaba a que papá llegase de trabajar y abriese lentamente la puerta, entrase en su cuarto y le diese el beso de buenas noches que tanto necesitaba para poder conciliar el sueño.
Marina nunca olvidaría como, poco a poco, la hora de llegada de papá, se fue retrasando hasta que llegó un día en el que era incapaz de mantener los ojos abiertos hasta que escuchase la llave introduciéndose en la cerradura.
Tampoco sería capaz de borrar de su mente el cambio que sufrió papá a partir de aquel momento.
Poco a poco, el alcohol se convirtió en su colonia y el llanto de mamá en una incansable melodía nocturna...
Al principio papá simplemente llegaba tarde a casa y se acostaba. Pero pronto comenzó a liberar todo su odio contra mamá, gritándole y dedicándole todo tipo de insultos.
Marina aprendió a dormir con la cabeza bajo la almohada, luego con un poquito de música que cada noche tenía que ir subiendo de volumen.
Una mañana, cuando su papá ya se había ido a trabajar, le preguntó a su mamá por él.
-Mamá, ¿por qué papá ya no me quiere?
-¿Por qué dices eso?, papá te sigue queriendo como siempre
-Entonces, ¿por qué ya no viene a darme un beso de buenas noches? ¿Es por haber empujado a Sara al barro?
-No Marina, simplemente... son momentos difíciles y tu padre llega cansado de trabajar porque tiene un montón de cosas en la cabeza. Venga, bebete la leche que ya es tarde.
La pequeña hizo caso a su madre aunque no estaba muy convencida de la explicación que le acababa de dar. Tenía ocho años pero, aún así, sabía que algo raro pasaba.
Todos los días mamá la despertaba para ir a clase, sin embargo, una mañana ella no acudió y Marina se despertó por el ruido de la tele y la claridad que entraba por su persiana rota. Fue al baño y allí estaba, en un rincón del baño, llorando. La noche anterior, la música no había logrado que conciliase el sueño ni que no escuchase como papá le echaba en cara a mamá que ésta hubiese engordado, que las deudas comenzase a ahogarles y que estuviesen a punto de echarle del trabajo. Aquella noche, la pequeña cantó en voz muy bajita para no tener que oír nada más.
Y esa mañana, mamá estaba distinta. Temblaba, las lágrimas surcaban sus mejillas, tenía el pelo alborotado y una sombra morada adornaba su ojo derecho. Marina se quedó frente a ella, callada, observando, sin saber que decir, sin acabar de comprender muy bien la situación.
Mamá se levantó y le sonrío mientras se secaba las lágrimas.
-Venga cariño, ¡hoy tenemos que ir al dentista!
Marina asintió sin decir ni una palabra y se dirigió a la cocina.
Por la noche estaba ansiosa, esperando la llegada de papá para enseñarle lo que le había puesto el dentista. No le importó que mamá ya se hubiese ido a dormir, ni que fuese más de media noche. Solo sintió un poco de tristeza cuando su rotulador favorito se gastó por completo. Entonces decidió que ya había hecho suficientes dibujos por esa noche y se echó en la cama para imaginar que tenía unas enormes y bonitas alas que le permitían volar. Con ellas podía viajar por todo el mundo, conociendo un montón de lugares y haciendo  amigos de distintas razas. Las alas también le daban el superpoder de hablar con los animales.
Sumida en estos pensamientos se quedó dormida con la luz encendida.
No escuchó llegar a papá. Tampoco escuchó como se chocaba contra el mueble de la entrada y le profería una serie de palabras mal sonantes.
En cambio, si escuchó cuando papá iirrumpió en su habitación y la levantó de la cama cogiéndola por el cuello de su pijama de Minnie y preguntándole a gritos por qué tenía la luz encendida mientras la ponía contra la pared.
Marina no entendía nada. Solo lloraba y agarraba con sus pequeñas manos los fuertes brazos de su padre mientras giraba la cabeza para no oler su aliento que le recordaba a los productos de limpieza de su madre. Sus pies desnudos pataleaban intentando llegar al suelo pero como no lo conseguía, su angustia crecía por momentos. No entendía nada, ella solo quería enseñarle su nuevo aparato.
Mamá llegó corriendo e intentó empujar a papá pero sólo consiguió un empujó por parte de él. Le gritó que soltase a su hija, que iba a llamar a la policía si no lo hacía. Nada parecía afectar a papá que había empezado a zarandear a Marina mientras le seguía gritando y le echaba la culpa de todos sus problemas económicos. Arrastraba la lengua al hablar y cada vez estaba más furioso. Entonces mamá le llamó cobarde y fracasado. Eso pareció hacerle reaccionar. Dejó de zarandear a su hija y giró la cabeza hacia su mujer. En sus ojos sólo se podía ver desprecio. Le pidió que repitiera lo que acababa de decir y mamá lo hizo. Entonces una ira se apoderó de papá como nunca antes lo había hecho. Soltó a su hija sin ningún cuidado mientras se abalanzaba sobre mamá.
Sus pies por fin consiguieron tocar el suelo al mismo tiempo que sus rodillas se flexionaban.Su nuca chocó contra el borde de la mesita de noche y quedó tendida en el suelo. No intentó moverse, tampoco podía. No intento gritar ni pedir auxilio. Sus ojos estaban fijos en su padre.
Marina siempre recordaría ese momento en el que mamá dejó de gritar, ese momento en el que dejó de llorar y en el que ya no intentaba taparse con los brazos.
La pequeña siempre recordaría como su padre gritaba sobre el cuerpo inmóvil de su madre mientras seguía propinándole puñetazos. Ella no vio que mamá hacía tiempo que había perdido el conocimiento y, poco a poco, su vista se fue nublando hasta que todo se volvió oscuro.

No sabría decir cuantos días pasaron o si fueron semanas pero, finalmente Marina despertó. Miró a su alrededor y descubrió que estaba en una habitación blanca, con un gran ramo de flores sobre la mesilla. Papá se iba a pasar un tiempo encerrado. Mamá no volvería a darle un beso de buenas noches nunca mas.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Algo que me aterra...

¿Nunca has tenido miedo de que un beso, una caricia, una mirada sea la última? ¿Nunca has tenido miedo a que ese momento en el que los dos estáis abrazados en la cama sea el último?
Yo he de confesar que me aterra. Tengo miedo de que se acaben esos momentos en los que me sonríes y comienzas a besar cada lunar de mi cuerpo. Cuando te quedas dormido apoyado sobre mi pecho y abrazado como si tuvieses miedo de que a la mañana siguiente yo ya no siguiese en tu cama. Me da miedo que esas miradas de complicidad se acaben, esas ganas de comerte a besos cada vez que te veo y esos secretos que solo tu y yo sabemos.
No quiero que ese oasis de tranquilidad que creábamos se desvanezca y ser consciente de que, a pesar de todo, el mundo sigue girando y nunca se para, que los problemas existen y que la felicidad es efímera.
Me aterra dejar de ver ese brillo en tus ojos pero, sobre todo, me aterra dejar de ver ese brillo en los míos al saber que te he perdido.

domingo, 22 de junio de 2014

¿Y si?

Llevaba enamorada de él todo el año. Todo el mundo lo sabía y era lo que a mí me gusta llamar secreto a voces.
Su pulso y frecuencia respiratoria se aceleraban, su tono de voz se elevaba y el número de gilipolleces por minuto que era capaz de soltar por esa boquita aumentaba considerablemente cuando él andaba cerca.

Llevaba enamorado de ella todo el año aunque no lo quisiese admitir. Todo el mundo lo sabía aunque él se empeñase en negarlo. 
Una extraña fuerza se apoderaba de él cada vez que ella andaba cerca, una fuerza que le hacía comportarse como un auténtico retrasado. Una fuerza que le hacía aparentar ser un chico duro. 

Todos los días la misma rutina. Se levantaba se vestía a toda prisa, desayunaba, cogía las cosas y salía corriendo de casa dirección universidad. Siempre pasaba por delante de su calle y miraba con la esperanza de verle salir de su portal. Llegaba a clase y le buscaba con la mirada, siempre llegando tarde...

Todos los días la misma rutina. Se levantaba con tiempo más que suficiente, se vestía, desayunaba y esperaba a que llegasen menos diez. Entonces salía de casa dirección universidad y miraba hacia atrás con la esperanza de verla a ella. Llegaba a clase y ahí estaba, siempre con una sonrisa en la cara. Se sentaba en su sitio se giraba hacia ella, dos lugares más allá, y le hacía alguna broma. Adoraba cuando se ponía de morros y se hacía la enfadada. 

Tras pasar todo el día fuera, ella lo único que deseaba era llegar a casa, pegarse una buena ducha,cenar y tirarse en la cama con el móvil deseando ver un mensaje suyo. Siempre se repetía lo mismo, día tras día, nunca cambiaba nada y aún así, ella era feliz. Pero aquella noche algo cambió.

'Todos dicen que hay un rollito raro entre nosotros, como de tonteo' leyó él. 'Que digan lo que quieran, ya se cansarán, nosotros solo somos amigos' le respondió. '¿Amigos? ¿En serio? No me lo creo ni yo' pensó acto seguido.

'Es verdad, buenos amigos, no sé por qué la gente piensa esas cosas jaja' le mintió ella. '¿Amigos? Eso tú porque yo estoy loca por ti' es algo que debería de haberle escrito pero siempre se calló.

Sábado de fiesta. Último sábado del curso, luego todos volverían a sus respectivas ciudades. Él la acompañaba a casa como hacía siempre.
-Bueno pues igual ésta es la última vez que nos vemos si el próximo año no sigo estudiando aquí... 
Bésala, lo estás deseando, mírala con ese vestido y su sonrisa. Puede que no la vuelvas a ver, bésala.

-Eso parece... por favor no te vayas, sabes que quieres quedarte, que voy a hacer sin ti...
Bésale, lo estás deseando. Además te está abrazando. ¿Y si se va? ¿Qué harás? ¿Y si encuentra a otra en el verano? ¿Y si el próximo año la relación es distinta?

Bésala, la tienes entre tus brazos, no hay nadie más, es el momento ideal. ¿Y si la cago? ¿Y si ella no siente lo mismo por mí? Porque me ha dicho miles de veces que solo eramos amigos pero yo a ella también...

-Bueno espero que lo pases muy bien durante el verano, disfrútalo que este año ha sido muy duro y nos merecemos un buen descanso- dijo ella mientras se separaba  y se giraba para abrir la puerta del portal.

-Lo mismo digo petarda, te lo mereces, hasta la próxima- dijo sonriendo. Después se giró y comenzó a andar.
Retrasado, retrasado, retrasado, ¿por qué no has tenido huevos para hacerlo?

¿Y sí...?

¡Espera! escuchó y cuando se giró ahí estaba ella cogiéndose el vestido y corriendo a las seis de la mañana por una calle desierta tras él. Se paró frente a él y le repitió 'espera...'

Nunca sería capaz de describir que extraño impulso le hizo girarse y salir del portal. Esperaba encontrárselo aún allí pero ya no estaba, entonces echó a correr y en cuanto le vio le gritó que esperase. Se paró frente a él y, mientras su corazón y su respiración se tranquilizaban, no supo decir otra cosa más que espera de nuevo. 
-No te voy a ver más en todo el verano, y el próximo año puede que no estés aquí. No puedo quedarme otro año más así. 
Entonces se acercó a él y depositó un delicado beso en sus labios. No sabía muy bien que clase de reacción se esperaba así que se separó con la intención de volver a su casa, feliz de haberlo hecho. Pero entonces él la cogió le sonrió y la besó.

Había sido un cobarde. Había estado apunto de pasarse un verano entero pensando en qué habría pasado si se hubiese atrevido a besarla y otra vez todo se había arreglado gracias a ella. Como no iba a estar enamorado...




miércoles, 21 de mayo de 2014

Dicen, dicen...

Dicen que un puzzle no se hace con piezas iguales. Dicen que los polos opuestos se atraen, que hay que encontrar a tu media naranja, a esa persona que te complementa y te enriquece como persona. Dicen que nada en esta vida se consigue sin esfuerzo y que el sacrificio merece la pena. Dicen que las cosas fáciles no son gratificantes ni te llenan. 

Las personas dicen muchas cosas: no bebas, no fumes, haz deporte, come equilibrado; sé amable, agradecido, benevolente. No seas rencoroso, vengativo, orgulloso. Ama y hazte amar.

Dicen que la rueda de la vida gira y que el karma funciona para todos. Las personas reciben lo que dan: cría cuervos y te sacarán los ojos.

La gente habla y habla sin ser preguntada, sin embargo, cuando buscas una respuesta, el mundo entero parece sumergirse en un silencio absoluto.

¿Nunca os habéis preguntado qué es lo que realmente os merecéis? ¿Dónde se encuentra la delgada línea entre lo que debéis aguantar y lo que no? ¿Hasta qué punto compensa la situación que estáis viviendo? 

Y te callas, buscas excusas, justificaciones para ti y para la otra persona. Te conviertes así en una especie de patata caliente, que se va hinchando sin remedio, sin vuelta atrás. Y llega el momento en el que explotas, todo se termina, adiós situación. 
Pero entonces te das cuenta de que estas más hundida que antes, que estabas demasiado acostumbrada a dicha situación y que te hacías la ciega para introducirte más en tu propio mundo ideal. En aquel con el que tantas veces has soñado. Ese que tanto añoras y que intentas buscar en tu propio mundo. Pero llega un momento en el que la realidad supera la ficción y tu mundo se desmorona. Ya no te quedan excusas ni motivos para creer que ese es el mundo que quieres y es entonces cuando no te queda más remedio que plantearte una cuestión: ¿Seguir como el dicho ojos que no ven, corazón que no siente; o aceptar la cruda realidad?

sábado, 10 de mayo de 2014

Cuando las cosas cambian por completo

''Soñar es la única manera de conocer lo que nunca sucederá, pues nada ocurre como te lo imaginas''

Me presento. Soy una chica que vive vivía en una pequeña ciudad del norte de España. Desde pequeña soñaba con ser escritora y poder crear mundos en los que la gente se evadiese de todo lo que les rodeaba. Los libros me absorbían por completo y creo que a ellos les debo que, aún hoy, con mis casi 19 años, siga conservando algo de inocencia y creyendo que lo imposible, simplemente, tarda un poco más.

Cuando llegué al instituto comencé a desarrollar un interés, hasta ese momento desconocido, por la biología y todo lo relacionado con ella. Siempre me preguntaba, ¿cómo es posible que, de una cosa tan pequeña, salgamos nosotros? ¿Cómo es posible que algo tan grande como puede ser el amor no sea más que un conjunto de reacciones químicas? Poco a poco fui descubriendo mi vocación, curar a la gente. Cambié mis ganas de hacer que las personas olvidasen sus problemas gracias a mis historias por las ganas de hacer que nadie llegase a necesitar olvidar el dolor de la pérdida de un ser querido. Nunca he creído que exista ningún Dios porque, si existiese, ¿por qué hay niños de menos de 10 años muriéndose de cáncer o de leucemia? Por tanto está de nuestra mano hacer que el mundo sea un poquito mejor.

Estudié duro, (joder ¡en serio que lo hice!) pero la inseguridad, la poca confianza en mí misma y lo exigente que era conmigo misma hicieron que me hundiese cuando más necesitaba estar arriba del todo. Mis notas fueron aceptables pero no lo suficientemente buenas como para estudiar medicina, ni si quiera enfermería, en mi propia comunidad. Entré en la facultad de enfermería de una ciudad del centro de España. Creo que la decisión de irme, dejarlo todo atrás solo por poder estudiar algo con lo que ayudar a los demás, fue la decisión mas difícil y dolorosa que he tomado nunca.

Aún recuerdo los ojos tristes de mis amigos el día antes de marcharme, esos te veré muy pronto como forma de no aceptar del todo la realidad. Las personas tendemos a pensar que, mientras no digamos algo en voz alta no será verdad.

Aún recuerdo el abrazo de mi madre y sus ojos llorosos, su hija, que no sabía ni freír un  huevo, fuera de casa. Esos estaré bien mamá para que se tranquilizase que no me creía ni yo. Ese momento en el que, por primera vez, me quedé sola con mi nueva compañera de piso, nos miramos a los ojos y nos dijimos ahora sí que estamos solas de verdad, y no hay marcha atrás. Abrir la ventana y no ver el mar ni oler a sal fue lo que más me costó aceptar al dejar mi tierra.

Ya han pasado seis meses desde aquellos primeros momentos. Ya no puedo decir soy de tal sitio porque estoy entre dos ciudades. No olvido mis orígenes pero tampoco puedo olvidar que ahora tengo unos nuevos pero ¿sabéis qué? No me arrepiento. Aquí he conocido a gente maravillosa y me he enriquecido como persona. He aprendido que abrir la ventana y ver solo montañas no es tan malo, al fin y al cabo en ellas también hay vida. Estudio una carrera maravillosa como pocas. Enfermería no es solo sacar sangre, ayudo a las personas y sentir que puedo hacer un poquito más feliz a los que más lo necesitan hace que comprenda cuál es mi papel en el mundo.

Nunca me hubiese imaginado aquí, ni si quiera mientras rellenaba la matrícula o buscaba mi futuro piso. Sin embargo, esto es mejor que cualquier cosa que yo haya imaginado jamás.

martes, 31 de diciembre de 2013

Todo es mucho más fácil.

-No soy capaz de pensar, de inventar historias como lo hacía antes y eso me preocupa. Como siga así, creo que nunca podré ser escritor y eso es algo que me da mucho miedo.

Él estaba sentado en la hierba sin poder parar de arrancar hierbajos con la mano y mirando frustrado hacia algún punto en el horizonte.
Ella estaba sentada a su lado mirándole preocupada, sabía lo mucho que significaba todo aquello para él.

-Cierra los ojos, le dijo ella con determinación.
-¿Qué?
-Ya me has oído, y túmbate. Todo es muchísimo más fácil de lo que realmente lo haces.

Él se tumbo y ella se acercó a el.

-Piensa en algo bonito, céntrate en eso... o no, mejor, intenta poner la mente en blanco.

Estaba tan guapo ahí tumbado que no pudo evitar comenzar a acariciarle el rostro.

-Déjala en blanco y sonríe, así me gusta. Déjala volar, eres incapaz de permanecer quieto durante demasiado tiempo, tu mente actuará de la misma forma. Necesitas estar dándole vueltas todo el rato a las cosas cuando todo es muchísimo más sencillo de lo que realmente crees.

Él permanecía callado dejándola hacer, intentando pensar en lo que podría convertirse en un best-seller. Ella no podía parar de recorrer los rasgos de su rostro con la yema de los dedos mientras le miraba con ternura.

-Las mejores cosas surgen cuando menos te lo esperas y con ello, las mejores historias. Todo acabará llegando y entonces...

Ella se había aproximado peligrosamente al chico sin darse cuenta. Entonces él abrió los ojos y se quedaron así durante unos segundos, tan cerca el uno del otro que podían escuchar sus corazones.

-Sabes que no está bien...

Ella sonrió tristemente y dijo mientras se incorporaba:

-Tienes razón, lo siento. En fin debo irme, ya es hora de ir a casa.

-Espera... Gracias, creo que ya tengo historia.

Ella no dijo nada pues no había nada más que decir.


jueves, 28 de marzo de 2013

¿Es esto el amor?


Yo antes era una chica fuerte, de estas que viven su vida, que la disfrutan a cada momento y no pierden el tiempo en cosas banales. Yo antes era feliz y pensaba que mi vida no podía ser mejor, me sentía llena y realizada. Entonces apareciste tú. Rompiste todos mis esquemas. Ya no tenía sentido pasarme horas escuchando música porque cada canción me recordaba a ti. Mis amigos ya no eran capaces de llenar por entero mi vida, sentía que me faltaba algo.
Entraste en mi vida y esta pareció tomar otro rumbo. Con solo ver un atisbo de tu sonrisa, yo era feliz. Estar enamorada, amar, sentir mariposas en el estómago ya no eran simples palabras de mi vocabulario, gracias a ti conocí su verdadero significado. Pero con ellas conocí también los celos, ese miedo estúpido e inexplicable a perderte, a no poder hacerte feliz, a que apareciese otra persona que destrozase todo lo que construíamos día a día entre besos y caricias.

Y ahora, aquí me encuentro, sentada en el mismo banco en el que nos presentaron, el mismo banco en el que nos besamos por primera vez, el mismo banco en el que grabamos nuestras iniciales ... Veo las hojas caer ante la llegada del otoño y me siento como ellas: frágil. La misma chica independiente que hacía lo que quería ahora espera el visto bueno de su novio; la misma que criticaba los celos tachándolos de miedos absurdos, ahora le dice a su novio con quien puede hablar y con quien no.
¿En qué me has convertido? ¿Es esto el amor?

sábado, 9 de junio de 2012

El primer amor nunca se olvida.


No podría decir que fue exactamente lo que me hizo cambiar de opinión, darme cuenta de que era ella, sin más, la chica perfecta a la que siempre había estado buscando.
Llevaba con ella desde el colegio. Siempre eramos como el perro y el gato , yo le tiraba de sus trenzas y no paraba hasta que se las deshacía. Entonces la niña de las pecas y el pelo revuelto  se echaba a llorar mientras corría detrás de mi.
En el instituto la cosa se suavizó, digamos que aprendimos a comportarnos como personas civilizadas, ella, la chica estudiante de primera fila, yo, el macarra del fondo de la clase que pasaba más tiempo en jefatura que en el aula.
Aún recuerdo el día en el que, por alguna razón que se escapa a mi entendimiento, nos encontramos solos en el pasillo. Te acercaste a mi y me dijiste que había algo que llevabas tiempo queriendo confesarme. El rubor acudió rápidamente a tus mejillas al igual que las lágrimas a tus ojos, no entendía nada. Te pusiste de puntillas y me besaste con suma delicadeza. Recuerdo esos labios suaves e inocentes como nunca antes había probado. Me miraste a los ojos como esperando que dijese algo pero no podía, estaba paralizado. Entonces suspiraste y entraste rápidamente en el aula. Me quedé unos segundos en la misma posición, asimilando lo que acababa de suceder, después yo también entré. Ocupé mi sitio y no paré de mirarte durante toda la hora, tú ni si quiera volviste la cara.
Cuando sonó el timbre saliste rodeada de tus amigas, sin darme oportunidad a acercarme a ti. Última hora del viernes y lo peor que le puede pasar a unos adolescentes chorreando hormonas: guardia.
Mis amigos me acorralaron y me preguntaron por qué habíamos entrado casi a la vez, sabían que algo había pasado porque no podía parar de mirarte.
Todavía no consigo entender por qué hice lo que hice, contarle a todo el mundo lo que había pasado. De repente el secreto que guardabas desde pequeña se vio destapado delante de todo el mundo. La gente te miraba sin poder parar de reírse haciendo bromas pesadas y pensando en voz alta lo que, a su juicio, era una completa estupidez: un chico como yo, que tenía una novia distinta cada semana podría querer a una chica como tú que no salía de casa porque se pasaba el día estudiando. Nunca me he podido perdonar lo que hice aquel día tampoco entiendo por qué adopté el papel de tipo duro mientras tu mirada de decepción me destruía por dentro.
Aquella noche no pude dormir, estaba dispuesto a pedirte perdón y arreglar el daño causado el lunes, pero no apareciste. Te fuiste, supongo que eso era lo que me querías decir cuando me besaste en el pasillo, que te marchabas a otra ciudad y por eso encontraste las fuerzas necesarias para hacer lo que llevabas tanto tiempo deseando hacer.
Me gustaría encontrarte pero tus amigas no me quieren decir dónde estás...
Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, creo que nunca había comprendido de todo ese dicho pero ahora he vivido su significado en carne propia. Esto me ha hecho madurar de golpe, darme cuenta de lo que quiero, a ti. Supongo que siempre te he envidiado, por tener una vida perfecta, por ser tan guapa, porque la inteligencia te embriagaba. Quizás nunca te vuelva a ver, quizás sí. No te puedo prometer que te esperaré, esa es una promesa demasiado arriesgada, lo que sí puedo hacer es prometerte que no te olvidaré jamás, dicen que el primer amor nunca se olvida...

jueves, 7 de junio de 2012

Segundo premio en un concurso de literatura


5 de Agosto de 1945. Hikaru Takashi recorría las calles de Tokio, maleta en mano, camino de la estación. Pronto regresaría a Hiroshima con su familia. Era casi de noche y faltaba poco para que partiese el tren.  Los tiempos de guerra eran difíciles y  muchas preguntas y reflexiones acerca de ella se agolpaban en su cabeza. Se consideraba pacifista y no entendía el afán de invasión que tenían algunos mandatarios que estaban dispuestos a segar numerosas vidas por conseguir sus aspiraciones.
Ya casi había llegado, sus pasos no se detuvieron desde que salió del lugar en el que se hospedaba, hasta que una niña se cruzó en su camino. Estaba jugando con su hermano mayor, saltando y riendo en la calle desierta. Una sensación de melancolía le invadió. Echaba de menos a su familia y no veía la hora de llegar a casa.
A la mañana siguiente, en la ciudad de Hiroshima, tres niños se levantaron más rápido de lo habitual. En el brillo de sus ojos se podía ver la alegría y la impaciencia además de la seguridad de que iba a ser un gran día. Esta sensación se vio interrumpida rápidamente por el sonido de las alarmas que indicaban la posibilidad de un bombardeo enemigo.
Rápidamente la familia Takashi corrió hacia el refugio. La pequeña Akiko se echó a llorar presa del pánico. Sabía lo que podía suceder si el bombardeo se confirmaba y  no quería que la muerte la separase de su madre. A pesar de sus 6 años, la guerra la había hecho madurar rápidamente y como ella, cientos de niños de todas partes del mundo.
Al cabo de un rato, una nueva alarma indicaba que el peligro había pasado  y el miedo se fue disipando poco a poco de la familia. Salieron del refugio y la madre se despidió de sus hijos. La vida debía continuar.

De camino al colegio observaron el cielo. El día era precioso. El sol brillaba sin preocuparse porque le tapase alguna nube. Eran poco más de las ocho y diez de la mañana y la pequeña Akiko se detuvo en un puente con forma de T. Aún era pronto así que sus hermanos trazaron un circuito y empezaron a jugar a las canicas mientras la niña observaba el trascurso del río.
Un ruido de avión y los tres hermanos miraron al cielo simultáneamente. Algo cayó de él y sólo el mayor, Koichi, comprendió lo que pasaba, una bomba se dirigía hacia el puente en el que estaban. Rápidamente cogió a su hermano de la mano y abrazó fuertemente a su hermana. Akiko se echó a llorar, seguía sin comprender lo que sucedía pero la reacción de su hermano la había asustado. Pasaron cuarenta y cinco segundos desde que vieron el extraño objeto caer del avión hasta que llegó a donde ellos estaban. No pudieron correr, tampoco les hubiese servido de nada. Koichi sabía que iban a morir así que abrazó fuertemente a sus hermanos y les dijo que les quería, no le dio tiempo a hacer nada más. Al instante, sus cuerpos quedaron calcinados dejando también tres siluetas impresas sobre la roca, la historia de tres víctimas más.
Hikaru se encontraba en el tren. Entre sus manos llevaba un osito de peluche para la pequeña Akiko. En su bolsillo izquierdo, había guardado un anillo para su mujer y un paquete marrón para sus hijos mayores descansaba en el asiento de al lado. Cada vez faltaba menos, ya podía ver la ciudad, se encontraban a unos seiscientos metros. El hombre se levantó y caminó por el pasillo, sus piernas estaban entumecidas. Se acercó a la ventana y miró a través de ella, después miró su reloj que marcaba las ocho y cuarto. Un fogonazo de luz hizo que se tirase inmediatamente al suelo, cubriéndose con las manos. Cuando remitió, los pasajeros se levantaron y se agolparon contra los cristales. Aquel fogonazo provenía de Hiroshima.
Una nube con forma de hongo cubrió el cielo seguido de la onda expansiva que llegó hasta el tren haciendo que descarrilase y llevando los cuerpos de los pasajeros de una pared a otra, tratándoles como muñecos de trapo. Cuando todo se calmó, Hikaru se levantó, un velo rojo nublaba su vista. Habían lanzado una bomba sobre su ciudad, sobre su familia. El tren, completamente devastado y volcado tras la explosión, tenía las puertas bloqueadas por lo que tuvo que salir a través de las ventanas sin cristales. Acto seguido, comenzó a correr por las vías del tren con el osito fuertemente aferrado, y como él, decenas de pasajeros le siguieron.
Cuando llegaron a Hiroshima la ciudad se encontraba envuelta en la oscuridad y el humo recorría todos los rincones. Cuerpos calcinados se agolpaban por las calles junto con edificios en llamas. Un hombre salió casi moribundo de entre los escombros de lo que antaño fue un hermoso y lujoso teatro. Un poco más allá, una mujer corría tambaleante y sollozando hacia ellos. Se podía ver la locura en su rostro. Acababa de dejar a su hija de cuatro años enterrada viva bajo las vigas. Los restos de su casa se habían incendiado y era imposible sacarla, tuvo que abandonarla. Hikaru se quedó inmóvil, acababa de conocer el verdadero infierno. La gente poco a poco fue saliendo de entre los edificios derruidos y empezaron a caminar de un lado a otro de la ciudad, buscando a alguien que les pudiese ayudar, en absoluto silencio.
El hombre pareció reaccionar y corrió en dirección a su casa. A la puerta, un cadáver de mujer cubierto de ceniza lo recibió, con el rostro borrado. Hikaru la reconoció. No tenía piel, aun así se arrodilló a su lado y la abrazó fuertemente, después sacó el anillo de su bolsillo y se lo puso. Empezó a llorar y, mirando al cielo, gritó una única pregunta al dios que les había abandonado: ¿por qué? Ya había perdido la esperanza de encontrar a sus hijos vivos, algo en su interior se lo decía. Una lluvia negra cayó sobre la ciudad apagando los incendios, parecía que el cielo estaba llorando.
Pasaron los días y ni rastro de sus hijos. Habían muerto miles de personas y cada vez era más raro encontrar algún superviviente. Hikaru se pasaba los días vagando por la ciudad, con el cadáver de su mujer a cuestas, había enloquecido. Finalmente, tras perder la noción del trascurso de los días, llegó a un edificio con una gran cúpula, era de los pocos cuyas estructuras habían permanecido en pie. Dejó el cadáver a la puerta y escaló hasta lo más alto. Miró al cielo y le pidió a dios que le devolviese a su familia. La gente se agolpaba en el suelo, nadie entendía que estaba haciendo aquel hombre. Hikaru esperó unos minutos, aguardando algún tipo de respuesta que no llegó. Entonces una lágrima resbaló por su mejilla, después saltó.

lunes, 28 de mayo de 2012


Me gustaría ser capaz de acercarme a ti sin titubear, sin miedos ni supuestas predicciones de lo que podrá pasar. Me gustaría poder saludarte con una gran sonrisa en la cara, sin sentir que mis ojos se empañan de lágrimas cada vez que te veo. Me gustaría poder reírme contigo... joder, me gustaría estar contigo.

sábado, 28 de abril de 2012


Miles de cosas se me pasan en estos momentos por la cabeza pero solo te dire una: sal de mi vida por favor, coge la puerta y vete sin mirar hacia atrás ya que yo soy incapaz de hacerlo.

martes, 24 de abril de 2012


Puedo ser gruñona y negativa. Puede que en las malas rachas me abandone sin pensar en mi
bien. Puedo ser jodidamente social y simpática. Puede que sea la bipolaridad personificada.
Puedo ser inmadura e infantil, ¿por qué no? 
Son pocas las cosas que tengo claras en la vida y una de ellas es que no voy a parar de reírme 
a carcajadas en medio de la calle o de gritar frente al mar de rabia e impotencia si es lo que
siento.


 Estas encadenado a tus sentimientos, si ellos no son libres tú tampoco lo serás.


Con la colaboración de una de las mejores.

sábado, 14 de abril de 2012

Una zona de marcha de una ciudad cualquiera.
Una discoteca.
Un chico que busca pasar una buena noche.
Una chica enamorada e ilusa.
Te acercaste a mi, tan guapo y rebelde como siempre. Me confundiste con bellas palabras, o eso quiero pensar yo.
Copa en mano, me besaste, tus besos sabían a vodka caramelo. Mi corazón se aceleró, todo era mucho mejor a como lo había imaginado.
Para ti fue una noche más, para mi la noche.
Para ti fue un beso más, para mi fue el beso.

Sí, tengo esa extraña manía de buscar dobles intenciones a todo lo que haces. De preguntarme el por qué de tus actos. Intentar encontrar algo que me diga que te has enamorado de una chica, y que esa chica soy yo.

jueves, 12 de abril de 2012

Si os gusta el primer capítulo, dejadme un comentario, por favor. El objetivo de subir uno suelto es el de averiguar si merece la pena o no continuar con la historia. También agradezco mucho las críticas constructivas aunque entiendo que sea un poco difícil opinar sobre el principio de una historia únicamente sin haber leído nada más sobre ella. De ante mano, gracias.

miércoles, 11 de abril de 2012

El Empirio.

Estáis apunto de leer el primer capítulo de una historia que empecé a escribir hace dos años y vais a  ser los primeros en leerla. Nunca he estado segura de poder terminarla, ni siquiera de si es una buena historia que fuese a gustar a alguien. Pero es hora de cambios. Si os gusta, me pondré el reto de terminar este intento de libro... Así que aquí os dejo la historia:

La Huida


Dalia corría por el bosque de Kenka. Su objetivo era llegar a la piedra mágica y poder, salir del Empirio antes de que sus perseguidores la alcanzasen y la obligasen a ser la soberana de un mundo, en el que reinar significaría perder a su hijo que estaba a punto de nacer. Un fuerte dolor en el vientre, que se incrementaba por momentos, le hacía temer por la vida del  bebe.

-No voy a llegar,- se repetía por momentos- la piedra está demasiado lejos y los vasallos de Lenco cada vez más cerca.

Durante la carrera, vio unos matorrales entre los que se podría esconder y así, despistarlos. Mientras esperaba, pensaba en cómo había llegado a esa situación.
Hacía unos meses que su padre, el rey del Empirio, el mundo donde vivía, había muerto. Había sido un gran mazazo para Dalia ya que él era la única familia que le quedaba. Su madre había muerto unos minutos antes de que ella naciese y la habían tenido que sacar de su cuerpo inerte  por  cesárea. El cargo de rey, por desgracia, ocupaba mucho tiempo y mas sin una reina, a pesar de ello a la princesita no le faltó la presencia de la figura paterna, el cual la llevaba a todas partes.
En su adolescencia conoció al hijo de uno de los empleados de palacio, Záris. Él estudió medicina para alcanzar el prestigio social que necesitaba y casarse con ella. Su sociedad era muy estamental y nunca hubiesen permitido que un empleado se casase con un miembro de la nobleza. Tras cuatro años de noviazgo, con alegrías y difíciles momentos, se casaron. Un mes más tarde, Dalia esperaba un bebe. Záris nunca llegó a saberlo, pues un día desapareció sin dejar rastro.

Un ruido sacó a Dalia de sus ensoñaciones  así que comenzó de nuevo a correr. El aullido de los lobos al salir de cacería retumbó por todo el bosque. Cada vez se le complicaban más las cosas. La luna llena ya estaba en lo alto del cielo lo que le facilitaba la carrera. Ya no se oían apenas ruidos, tan solo el suave sonido de los búhos y de los grillos. Para su suerte encontró, en una parte de un claro del bosque, un tronco de roble hueco y lo suficientemente grande para que entrase echada. Cada vez faltaba menos para  llegar a la piedra. Estaba tan nerviosa y angustiada que esa sensación se transmitió al bebe el cual empezó a moverse, inquieto, en el vientre de su madre. Intentó serenarse, no era bueno para su hijo pero, ¿Quién no iba a estar en ese estado en aquella situación?

Un crujir de ramas. Algo se acercaba. Dalia contuvo la respiración. Un gruñido seguido de un aullido. Un lobo. Después apareció otro, y otro más. La manada había encontrado su olor aunque aún no estaban seguros de cuál era su posición.
Al mismo tiempo, unas voces llegaron hasta el claro, seguidas, inmediatamente, por unas pisadas y unas sombras. Sus perseguidores acababan de hacer entrada. Los lobos se quedaron mirando, listos para saltar, mientras que los hombres sacaron unas bolsitas que contenían especias. Los lobos agacharon las orejas y metieron el rabo entre las piernas. Les habían reconocido, eran magos y no había nada que hacer. Dieron media vuelta y se fueron  gruñendo sabiendo que una presa se encontraba dentro del tronco del árbol.
Los hombres miraron a su alrededor. Se notaba cuando los lobos encontraban un rastro. La chica no andaría lejos. Pasearon su mirada entre los árboles que formaban el círculo intentando ver a través de ellos. Al cabo de unos minutos se decantaron por seguir buscando por la derecha del claro, así que se adentraron en el bosque.

Entre tanto, Dalia ya había recuperado unas pocas de fuerzas:

-No te preocupes, pronto estaremos a salvo, la piedra está cada vez más cerca- dijo entre susurros mientras se acariciaba el vientre.

Salió del interior del tronco y continuó corriendo en dirección sur, hacia su salvación. No sabría decir con exactitud cuánto tiempo estuvo corriendo. Hacía rato que no oía a sus perseguidores. Tampoco oía los aullidos de los lobos ni ulular a  los búhos. Tan solo su respiración entrecortada y el frenesí con el que palpitaba su corazón.

Un rato después, llegó a un claro en el que una intensa luz la cegó durante unos momentos, hasta que sus ojos se acostumbraron a la claridad. Cuando esto sucedió Dalia pudo ver ante sí una roca de gran tamaño, en el centro del claro. A su alrededor crecían flores de todos los tamaños y colores. En otras circunstancias se habría quedado a admirarlas como tantas veces había hecho de niña, pero ahora tenía que apresurarse.


Se acercó a la piedra y la tocó. Un suave calambre recorrió todo su cuerpo y una luz muchísimo más fuerte que la actual, emanó de la piedra y la rodeó. Al instante cayó en un sueño profundo en el que no faltó Záris ni su padre. También en él vio a su madre, la primera vez que fue capaz de imaginarla. Pero esa visión le encantó en lo más profundo de su subconsciente.

Pasaron horas y horas hasta que al fin aterrizó entre una fina capa de nieve. A penas tenía un hilo de conciencia, pero eso le bastó para entreabrir un poco los ojos y ver unas suaves manos blancas que le buscaban el pulso y le acariciaban la frente. Después todo se volvió negro.

lunes, 9 de abril de 2012

Rindámonos. No merece la pena seguir así por una historia que ya estaba perdida incluso mucho antes de que se escribiese. No podemos luchar contra el destino, nunca estuvimos hechos el uno para el otro. Nos creímos fuertes, pensamos que nuestra historia iba a ser de las de contra viento y marea, que lo superaríamos todo. Estas de amores imposibles en los que todo el mundo intenta separar a los enamorados y aun así ellos siguen juntos. Teníamos demasiado afán de protagonismo. Pero nuestra historia se acabó. Nuestro error ya quedó zanjado y por una vez la princesa no se quedó con el príncipe azul. Este es el primer cuento en el que la multitud separa a los enamorados. 

domingo, 8 de abril de 2012




Tonight
we are young, 
so let's set the world on fire
we can burn brighter than the sun.